AMIANTO Y ASBESTOS -Parte 1.
UN MATERIAL TAN ANTIGÜO COMO PELIGROSO.
El asbesto es un mineral producido de manera natural en todos los continentes del mundo. Debido a sus características técnicas se conoce y se ha usado desde hace muchos siglos, no se trata por tanto de ningún tipo de descubrimiento realizado en el siglo XIX o siglo XX, aunque es a principios y mediados del siglo pasado cuando más auge tienen los asbestos debido precisamente a sus espectaculares características. Este material se empezó a utilizar con aplicaciones industriales a comienzos del siglo pasado, si bien el auge tuvo lugar entre los años 50 y los años 90, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud clasificó el amianto como elemento cancerígeno en 1977, aunque desde mucho antes se sabía de su toxicidad.
En cuanto a su historia, las primeras fibras de asbestos se datan en la Edad de Piedra, hace ya unos 750.000 años. Se cree que alrededor del año 4000 a. C., las fibras de asbesto se usaban para mechas en lámparas y velas.
Entre 2000 y 3000 a. C., los cuerpos embalsamados de faraones egipcios fueron envueltos en tela de asbestos para protegerlos del deterioro. En Finlandia, las macetas de arcilla que datan de 2500 a.C. contenían fibras de asbesto, que se creía que fortalecía la maceta y le aportaban mayor resistencia al fuego.
Alrededor del 456 a. C., Heródoto, el historiador griego, se refirió al uso de las mortajas ( Una vestidura o sábana en que se envuelve un cadáver para enterrarlo) de asbesto envueltas alrededor de los muertos antes de arrojar sus cuerpos sobre la pira funeraria, con el fin de evitar que sus cenizas se mezclen con las del propio fuego.
El propio origen de la palabra «amianto» , tiene origen de la palabra latina «amiantus» que significa «contaminado o no contaminado». Esta definición se debe a que los antiguos romanos empleaban las fibras de asbesto combinándolas con manteles y servilletas, de modo, que cuando estos paños se arrojaban al fuego, salían milagrosamente ilesos y además más blancos que cuando entraron.
Mientras que los griegos y los romanos explotaban las características únicas del asbesto, también documentaron sus efectos nocivos en aquellos que extraían el material de las antiguas canteras de piedra.
Ya el geógrafo griego Strabo notó cierta «enfermedad de los pulmones» en esclavos que tejían asbesto en telas. También el historiador romano, Cayo Plinio Segundo, conocido como Plinio el Viejo, se podría decir que es el primero en la historia en escribir sobre cierta enfermedad que provenía de este mineral.
La historia escrita del asbesto o amianto, comienza con Teofastro, un discípulo de Aristóteles, que lo describió en su obra clásica, De las piedras, escrita hacia el año 300 A.C. Posteriormente, en el siglo I, el geógrafo Estrabón localizó, en la isla griega llamada Eubea, el primer yacimiento de asbesto, que se explotaba para fabricar prendas ignífugas.
Otras fuentes antiguas, lo reflejan igualmente:
“Echad a suertes sobre cuál hilará el oro, el jacinto, el amianto, la seda… (X.2 «El velo del templo» – Evangelios Apócrifos).
Dioscórides, medico griego, contemporáneo de Estrabón, mencionaba, en su obra De Materia Médica, los primeros lienzos y los primeros pañuelos reciclables de la Historia, los cuales se entregaban a los espectadores del teatro, ya que, al ser de amianto, se limpiaban y blanqueaban mediante fuego, para su reutilización en otra función. También mencionaba a otra cantera de asbesto, situada en Chipre. Este autor es quien bautiza al mineral flexible, con el nombre de amianto.
