En la superficie de las piedras se suele apreciar con el paso del tiempo una serie de signos que se deben a una combinación de múltiples factores: la erosión, restos de polución, climatología de la zona, tipos de pinturas y/o restauraciones anteriores, etc.

Las actuaciones para reparar estas imperfecciones tiene una doble variante: la limpieza y la restauración. Primeramente nos centraremos en la limpieza.

La limpieza de la piedra tiene como objetivo eliminar de su superficie la suciedad y los productos que están acelerando su deterioro. Lo que conseguimos a primera vista es una mejora estética del edificio o monumento, siempre respetando al máximo su aspecto original.

La primera capa de la piedra, la que vamos a eliminar, está compuesta principalmente de sales solubles, partículas de combustibles, micro-vegetación y excrementos de pájaros. Lo fundamental es que el método de limpieza no altere demasiado la piedra, es decir que no produzca fuertes abrasiones, microfracturas o modificaciones del relieve superficial de la piedra que faciliten su deterioro. Hay que intentar eliminar la menor cantidad de piedra posible, pero dejando limpia la piedra.

La decisión de cómo limpiar un edificio o monumento en particular se toma después de un estudio del tipo de suciedad a eliminar, su extensión, grosor y uniformidad de la capa que debe eliminarse, así como de las características de la piedra y su estado de conservación. Lo más frecuente es la utilización de varios métodos, que suelen aplicarse de forma sucesiva o en distintas partes de un mismo edificio o monumento, dependiendo de las características de la suciedad que se pretende eliminar.

Lo que se pretende eliminar en las limpieza es lo que denominamos PATINA. Las pátinas son delgadas películas superficiales que están detrás de los cambios de coloración en las fachadas de los edificios construidos en piedra. Como ya hemos dicho, la limpieza de fachadas de piedra requieren de un cuidado y una especialización concreta ya que hay que estudiar a fondo cuáles son los problemas que están detrás de cada suciedad.

Las pátinas pueden tener diversas causas y tipologías. Las principales son las siguientes:

Pátinas de envejecimiento: causadas por el propio paso del tiempo y exposición a la intemperie. Son las menos perjudiciales y dan carácter al edificio o monumento.

Pátinas de suciedad: es el ennegrecimiento causado por contaminación ambiental inducida por los hollines residuales dejados por la combustión incompleta de carbones (calefacciones) o del diesel de camiones u autobuses. Este tipo es más dañino por la composición química de los hollines depositados.

Pátinas de lavado: producidas por escorrentía diferencial del agua. Son manchas generalmente de arrastre de suciedad depositada en la piedra, cornisas, óxidos, etc que dejan manchas muy características.

Pátinas de decoloración: varía la tonalidad natural de la piedra, es la llamada “noble pátina”.

Pátinas biogénicas: cuando la superficie de la roca está recubierta por organismos, como pueden ser líquenes, hongos, verdín, etc.

Es muy importante caracterizar el tipo de piedra natural con la que vamos atrabajar, para conocer las propiedades mecánicas y químicas y saber como abordar la limpieza de esta. En edificios o monumentos antiguos lo normal es que se hayan construido con piedras del lugar o de zonas no muy alejadas, por lo que la piedra está perfectamente adaptada al entorno. En la actualidad debido al abaratamiento del transporte de mercancías, se trabaja mucho con piedras naturales de todas partes del mundo, y en la mayoría de las ocasiones no se tiene en cuenta su origen y si dicha piedra se adaptará bien al nuevo entorno donde se instala.  Hay claros ejemplos de lo que le sucede a muchos elementos pétreos cuando los sacamos de su entorno, y los metemos en entornos con características diferentes. Un claro ejemplo podemos encontrarlo en el Templo de Debod en Madrid, este templo se trae desde Egipto, tratándose de una piedra samita cuarsosa de baja cementación, que en su entorno, clima desértico con pocas lluvias tiene una vida muy larga. Pero al traerla a un clima continental con fríos inviernos lluviosos y con heladas, se ha degradado con muchísima rapidez. Este mismo efecto tienen lugar en monumentos expuestos a ambientes marinos cuando las piedras que los componen no son las adecuadas al proceder de zonas con ambientes diferentes. Por eso hacemos mucho hincapié en usar en lo posible la piedra del entorno cercano, o al menos analizar la piedra si se trae de fuera, para asegurarnos que es la adecuada y que no sufrirá degradaciones prematuras.

 

                Limpieza y protección de la piedra.

Los trabajos de limpieza y restauración de la piedra, son trabajos que requieren un estudio previo para la elección del método más adecuado, y una paciencia propia de los artesanos, si queremos realizar un trabajo correcto y profesional. Cada tipo de edificio, escultura, etc requiere un estudio propio ya que las piedras, no son exactamente iguales, aún siendo extraídas de la misma cantera, al ser elementos naturales, tienen variaciones que no sólo pueden ser de aspecto, sino también variaciones de su estructura interna, con inclusiones de minerales o sales que pueden varias según su zona de extracción.

El estudio a realizar debe contemplar la elección y la selección del método de trabajo a utilizar para la limpieza de la piedra y su posterior restauración, comenzando por una serie de trabajos y cuidados previos a la fase de limpieza, sea cual fuere el método elegido para ello.

 

Trabajos previos.

                Lo primero es la inspección ocular de la zona a limpiar o restaurar, para analizar todos los detalles poniendo especial atención a las zonas que presenten un mayor deterioro con una patología más avanzada. Hay que estudiar concienzudamente aquellas zonas que presenten fisuras, desconches, eflorescencias, criptoflorescencias, etc. en caso de encontrarnos con costras, es conveniente analizar su composición química para un mayor conocimiento del problema. En ocasiones habrá que realizar trabajos previos de consolidación y reparación de zonas a limpiar, para evitar posibles degradaciones mayores con la propia limpieza.

Antes de optar por uno u otro método de limpieza hay que tener en cuenta consideraciones tales como las molestias que podamos ocasionar por el polvo desprendido, nieblas provocadas por la limpieza, ruidos, etc.

Existen muchos método distintos para la limpieza de los monumentos de piedra natural, siendo los más conocidos los que se exponen a continuación.

Limpieza por lavado.

                El agua lanzada a presión ha sido un método muy usado, debido a su poder de disociación de partículas arrastrando la suciedad. Es un método relativamente económico, valiendo para ello casi cualquier tipo de agua válida para la construcción, nunca claro esta aguas saladas o con altos contenidos en sales. El agua caliente tiene un mayor poder de limpieza, sobre todo en caso de que la suciedad sea de grasosa. El vapor a presión es también usado, aunque es un método que resulta más caro, por lo que se utiliza en zonas donde la suciedad así lo requiera.

En la limpieza por lavado, ya sea con agua fría, cliente o por vapor, hay que tener muy en cuenta, la cantidad de humedad que podemos transmitir a la piedra. Hay que tener en cuanta que en las piedras naturales, a medida que las piedras se secan, es decir a medida que pierden su agua de cantera, se van endureciendo, por este motivo se trabajan las piedras en cantera, según se extraen, para que sean algo más blandas. Por este mismo motivo, si aumentados en exceso la humedad de la piedra al limpiarla, la volveremos a hacer más blanda, pudiendo deteriorarla, por lo que hay que controlar muy bien el agua o vapor para no hidratarlas en exceso. Otro aspecto muy importante es la perfecta regulación de la presión de lavado, una presión muy baja hará que gastemos una mayor cantidad de agua sin conseguir los resultados esperados, pero una presión muy alta provocara un deterioro en la piedra.

Hay que poner especial atención en aquellas zonas a limpiar que tengan incrustaciones metálicas, grapas, dinteles de madera, etc, ya que podemos provocar una oxidación acelerada de estos elementos, con su consiguiente aumento de volumen y deterioro de la piedra llegando a romperla, y en el caso de la madera, podemos generar la aparición de hongos o aumentar su humedad hasta la zona de confort de insectos xilófagos.

Este método es muy adecuado para limpiezas periódicas donde la suciedad no está demasiado incrustada, acompañándolo  de un cepillado con cepillo de cerdas de dureza adecuada al tipo de piedra para no dañarla. En zonas donde la suciedad es muy abundante y acumulada durante muchos años, es posible que este método por si sólo, no de los resultados esperados.

Hay que recordar que cuando hablamos de la limpieza de la piedra, no quiere decir que debamos borrar todo rastro de la antigüedad de la piedra, sino aquellos elementos que la afean y deterioran. Una buena pátina natural, sirven de barrera al deterioro de la piedra y da carácter al edificio.

Limpieza por abrasivos lanzados a presión.

Es un método de uso más reciente que el explicado anteriormente, para la utilización de este método es muy importante realizar un estudio del material a limpiar, ya que en piedras duras, la erosión que se provoca es poco importante, mientras que en piedras blandas, se pueden provocar daños importantes a la piedra, si no se elige correctamente tanto el abrasivo a utilizar como la presión a la que se realiza la limpieza.

Es un método bastante útil sobre todo en piedras duras, donde existe una capa de suciedad fuertemente adherida a la piedra, alcanzando capas muy densas y sustratos profundos. Estos abrasivos lanzados son ideales en piedras silíceas y con el tipo de árido y presión adecuados, podemos incluso usarlos en piedras areniscas. En las calizas hay que tener un mayor cuidado sobre todo al existir métodos iguales de eficaces pero con menor riesgo de dañar la piedra.

Como abrasivos más usados están las arenas y arenillas silíceas, polvo de cobre, cuentas de crista o cristal de machaqueo, escoria, limaduras de hierro, triturados de material no silíceo, cáscara de trigo, cascarón de huevo triturado, y otros. El uso de uno u otro estará en relación al tipo de suciedad, y sobre todo al tipo de piedra a limpiar, para no dañarla.

En el mercado existen una gran variedad de boquillas para chorreo, abarcando desde boquillas grandes para la limpieza de grandes zonas, hasta pequeñas boquillas no mayor que un bolígrafo, para limpieza de frisos fuertemente decorados, esculturas muy labradas, etc.

Entre las ventajas que presenta este método es principalmente que se trata de un método seco, por lo que no modificamos la humedad de la piedra, y no corremos el riesgo de humedecer zonas en contacto con otros materiales, tales como acero o madera que se puede dañar. El gran inconveniente está en el polvo que genera al ser precisamente una limpieza en seco, por lo que hay que proteger las zonas para evitar en lo posible la salida del polvo generado que puede ocasionar molestias. Otro inconveniente es que es bastante más ruidoso que el lavado a presión.

Hay que recordar que este método es para limpiezas superficiales, y que no ha de pretenderse la eliminación de suciedad en poros y oquedades profundas, ya que si se persiste mucho en este afán, se puede dañar la piedra.

Debido a sus inconvenientes ya citados, es decir el polvo y el ruido, ha dado lugar a la aparición de nuevos sistemas de limpieza húmeda con abrasivos lanzados. Esto a su vez origina dos modalidades en función en el momento en el que se incorpore el humedecido. En un caso el agua llega a la boquilla por un conducto diferente al del abrasivo, y en otro caso ambos llegan conjuntamente por el mismo conducto.

En el primer caso el árido llega seco al muro y el agua humedece al muro y se mezcla con el polvo, en el segundo llega el árido húmedo al muro. De estos dos métodos el que más se usa es el segundo. Pero también tiene sus inconvenientes, ya que las salpicaduras del árido húmedo provocan una manchas moteadas visibles a la luz natural, que en muchas ocasiones hace necesario una limpieza de estas zonas mediante frotado posterior.

La limpieza mecánica natural.

                Englobamos en este tipo a aquellas limpiezas que se realizan con herramientas manuales o mecánicas pero que nos permiten un mayor control de la zona de limpieza. Este tipo de herramientas van desde minúsculos trépanos de retoques, a cabezas más pesadas de carborundo de sílice, pasando por bujardas, cepillos de todo tipo, discos giratorios de distintos tamaños, en función a la zona a tratar.

Este método se usa en elementos con un labrado muy rico, esculturas, piezas especiales, y en ocasiones como apoyo del método anterior, la limpieza por abrasivos lanzados, llegando a zonas que este método no cubre o donde no es conveniente usarlo.

La principal ventaje de este método es la precisión del trabajo de  limpieza, y los inconvenientes es que es una trabajo más lento, y requiere de mano de obra con una mayor especialización. Normalmente es un método para zonas muy delicadas o como complemento del anterior.

Limpieza mediante láser.

                Se trata de un método más reciente, se trata de rociar las partes ennegrecidas o sucias de la superficie de la piedra mediante un haz de fotones por medio de un rayo láser que se manifiesta como capaz de eliminar los depósitos y costras, sin eliminar el material de la capa superficial de la piedra, llegando a mantener incluso la pátina de la misma. El hecho de no introducir agua ni elementos químicos en la piedra, lo define como un método muy inocuo. El hecho de lograr desincrustar  mediante luz, le proporciona la ventaja de poder acceder a partes muy recónditas, lo que lo convierte en un método muy ideal para la limpieza de zonas con una labra muy minuciosa y delicada.

Podemos decir que el principal inconveniente es su precio algo mayor, al requerir un equipo y un personal muy especializado, pero que seguro que con la actualización de las tecnologías se irá salvando este escollo, con lo que se convertiría en un método ideal para las limpiezas.

                 Limpieza con aparatos de ultrasonido.

Se trata de otro sistema con muchas ventajas, elimina la costra negra de la piedra sin dañar el material base. La velocidad de limpieza es pequeña, por lo que solamente es usado en fachadas policromadas o que presentan riesgo de desprendimiento. También se usan en objetos de pequeñas dimensiones. Los ultrasonidos generan ondas que destruyen los depósitos de hollín presentes sobre la superficie de la pared. Su labor de cirugía es extraordinaria.

                Limpieza criogénica.

Dentro de las limpiezas especiales la criogénica es una novedosa técnica que sustituye entre otras al tradicional chorro de arena o agua. Su funcionamiento consiste proyectar a gran velocidad pequeñas partículas de dióxido de carbono congelado sobre la superficie (hielo seco). En el impacto, la diferencia de temperatura hace que la suciedad se contraiga y se desprenda y que el CO2 pase de sólido a gas, de ahí que el único residuo sea la propia suciedad eliminada.

Entre las múltiples ventajas de este tipo de limpieza especial destaca que no se produce erosión sobre las superficies, ni residuos secundarios que posteriormente haya que desalojar. Por tanto es una limpieza mucho más rápida y limpia que nos ayuda a minimizar costes.

También hay que destacar su valor ecológico por ser respetuosa con el medioambiente y su seguridad, ya que no utiliza ningún tipo de contaminante secundario como disolventes o gravilla. En consecuencia es mucho más higiénica. El CO2 al ser un gas no tóxico y apto para la industria alimentaria hace que sea altamente recomendable en algunos sectores.

Limpieza química.

                Este método se utiliza previo estudio  del tipo de suciedad que se desea atacar. Se puede establecer una clasificación entre limpieza ácida o limpieza básica en función del producto a utilizar. Unos y otros reaccionan con los elementos químicos que provocan la suciedad para generar sales solubles y de este modo eliminarla.

En la limpieza ácida, el principal elemento usado es el ácido fluorhídrico ya que elimina incluso las eflorescencias más estables y porque en concentraciones adecuadas no ocasiona sales solubles considerables que provoquen efectos nocivos en la piedra. Hay que poner especial atención en su uso, ya que incluso en concentraciones muy diluidas puede provocar depósitos altamente dañinos. Como el fluorhídrico ataca también al hierro libre en piedras como determinadas areniscas y otras piedras, en muchos casos debe acompañarse de un inhibidor de óxidos.

En el caso de granitos, muchas veces se utiliza soluciones de biofluor de amonio como mejor alternativa del ácido fluorhídrico.

En la limpieza alcalina las soluciones más usadas son a base de sosa cáustica con aditivos destinados a controlar su poder de penetración y actividad. Es muy utilizado en la eliminación de la suciedad en las piedras calizas y eflorescencias en las arcillosas, tejas, ladrillos, etc. en caso de suciedad muy incrustada requiere de varias aplicaciones, pero después de cada fase se hace necesario abundante lavado con agua, para eliminar los residuos que empeorarian el problema de las eflorescencias.

En ambos caos, tanto si usamos limpieza ácida como básica, se hace necesario un correcto humedecido de la piedra antes de su aplicación, y un correcto lavado posterior, para asegurar la eliminación de los restos de la disolución utilizada que pueda provocar posterior complicaciones y apariciones de nuevas eflorescencias. Hay que poner especial atención en las zonas de juntas o fisuras donde el ácido puede penetrar más en el interior de la piedra.

Las manchas verdosas de chorreados de las piedras provocadas por manchas de óxidos  provenientes de rejas o elementos de bronce o cobre puede tratarse con hiposulfito de de sodio diluido con cepillado. Tambien podria valernos soluciones de amoniaco. También podrían valer estas soluciones para la eliminación de manchas de óxidos de hierro en calizas, mármoles y areniscas.

Estos trabajos requieren de un correcto control técnico que asegure que las disoluciones tienen las concentraciones adecuadas, y que se están tomando las medidas de protección adecuadas para que no se provoquen accidentes con los operarios o personal externo, y que estas disoluciones no degraden otros elementos tales como carpinterías, aceros, vidrieras, etc.

Es una limpieza que requiere de personal especializado y muy cuidadoso.

Limpieza por tortas de arcilla.

El uso de cataplasmas de arcillas se usan para dos vertientes diferentes, por un lado para la limpieza de manchas en las piedras, y también para extraer de la piedra los restos de las zonas tratadas con limpieza química. La limpieza a groso modo consiste en aplicar una cataplasma de arcilla, la cual una vez seca se quita fácilmente, trayendo consigo adherida la suciedad. Esta técnica se suele acompañar de la aplicación de un agente limpiador jabonoso donde la arcilla prolonga la acción del detergente. Es un método muy usado para limpiar estatuas, y bajo relieves de piedra muy decorados. Hay que tener en cuanta que la piedra donde se aplique no sea demasiado porosa, ya que en este caso obligaría a una limpieza posterior con agua y cepillo blando para eliminar los restos de arcilla en oquedades. Da muy buenos resultados en mármoles y granitos pulidos. Es un método que es bastante benigno con la piedra al no introducir elementos químicos ni abrasivos. Otras cataplasmas usadas son las de sepiolita o atapulgita.

Antes de elegir el tipo de limpieza a utilizar hay que consultar con un técnico especialista para que nos recomiende cual es el método idóneo a utilizar según el tipo de suciedad, y el tipo de piedra que tengamos. Una limpieza que se realice de forma incorrecta, puede dañar más a la piedra que la propia suciedad.

Una vez se haya limpiado la piedra es conveniente utilizar protectores de la piedra que retarden la aparición de la suciedad y retrasen su deterioro. Estos protectores podemos englobarlos en tres grupos, los consolidantes, con propiedades gigantes para mejorar la cohesión del la piedra, los sellantes, como su nombre indica sellan los poros de la piedra evitando la entrada de suciedad, pero permitiendo el paso del vapor de agua. Y los hidrofugantes, que otorgan a la piedra una mayor impermeabilización de esta evitando filtraciones de agua con sales en disolución. Utilizaremos uno o varios de estos productos, en función a las recomendaciones técnicas, para garantizar una mayor protección de la piedra y alargar así su vida útil, además de retrasar la aparición de la suciedad y facilitar su limpieza cuando se estime necesario.